Estoy tan confundida que he llegado a comparar mis sentimientos con el cielo.
•Comparé mi personalidad con una estrella... El día que la descubrí estaba sola en la oscuridad, pero a la vez cercana a la luz. Estaba alejada de todas las demás estrellas desde un punto de vista, y desde otro se encontraba muy cerca.
•Comparé lo que sentía con las nubes negras que cubrian la estrella con la cual me identifico... La estrella es la primera en salir a la vista, y trás un parpadeo se encontró cubierta por una gran nube negra que no la dejaba verse. Cuando la nube se marchó, la estrella volvió a brillar, pero otra nube negra, de tamaño no muy grande, con forma de corazón, el cual debajo tenia una gran flecha, volvió a tapar a la estrella. Y ella volvió a salir para seguir deslumbrándome, e incitandome a seguir adelante, como ella lo hacia.
•Comparé también mi vida con el cielo... En el mejor momento, en el cual el cielo está pasando por muchos colores; azul, celeste, violeta, rosa, amarillo, en ese momento salí a contemplarlo. Cuando de repente la noche cayó sobre mi, y los bellos colores del cielo se desvanecieron, para dar lugar a un azul intenso, que de a poco se convertía en gris. Y aún asi, mi estrella seguia brillando, pese a todo, seguia brillando.
►Uniendo mis comparaciones, llegué a la conclusión de que quizás también soy similar a la Luna... Muchas veces sale a brillar, con una sonrrisa en su cara porque algo bueno sucedió y está feliz. A veces, se esconde trás las nubes, porque su cara está triste. Y también, otras veces, sale a brillar con la luz apagada, porque su cara disimula una sonrrisa, mientras está desmoronandose por dentro.

Antonela Maité.